Con Permiso del Peñon.

Un día de faena o menuda faena de día.

Como muchas otras veces, todo empezó con un vistazo a la previsión meteorológica. ‘No problem‘. Temperaturas agradables y sol. También tenemos el objetivo.

De camino hacia Alicante, hay algo que no nos cuadra,
la zona del Ponoig y alrededores aparecen cubiertos de negros nubarrones y los charcos en el asfalto no coinciden para nada con la previsión que habíamos visto.

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-“Mierda” y ¿qué hacemos?… ,Siempre nos quedará el Penyal.

Llegamos a Calp. Aquí también ha llovido y lo movidito del mar no presagia un magnifico día.

-Buff.

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Mientras dudamos y nos vamos preparando, vemos como una cordada se da media vuelta a la altura del 2º largo de Revelación.

-No hay que estar muy espabilado para verlo venir. La pared chorrea agua por todos los sitios.

-¿que hacemos?

-Pues nada, algo “rápido y seguro“, por si acaso se lía. “Sin permiso de obras”, lo tiene todo, “rápido” acceso, y apretones “asegurados”, con el recorrido más largo de todo el Peñon. Ambigüedades del lenguaje.

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A decir verdad, tras los primeros metros, ya vimos que aquello iba a resbalar, a lo grande y de lo lindo. Pero la cabezonería y no se sabe cuantos más recovecos mentales no nos dejaban ver otra cosa más que el ‘tira p’arriba’

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A la altura de la gran cueva (5º largo) algo cambio, las nubes se esfumaron y un tórrido sol, más propio del pleno verano nos confirmó que coger solo un litro de agua para los dos era un gran “error”.

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Además tras este largo teníamos claro que las opciones de bajarnos con una sola cuerda de 60 m se reducían prácticamente a ‘Cero’.  Eso simplificaba mucho las cosas.

Nos sentíamos extraños al ser la única cordada en la pared, y en las reuniones nos distraíamos mirando como en el mar, los regatistas se las veían moradas para en medio de la marejada torear las pedazo de olas y que en más de una ocasión les hicieron volcar sus veleros.

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-‘Ya me parecía a mí que hoy no era el día perfecto ‘.

Entre esta y otras diatribas acabamos la vía, habiendo constatado que el 20 de septiembre es todavía verano y se puede pasar mucho calor. Rápidamente nos abalanzamos a la vertiente opuesta a la busqueda del camino de descenso y la ansiada sombra.

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Nada más llegar arriba, nos dimos cuenta que había sido un día de escalada especial, en el que largo a largo nos habíamos colado hasta llegar al final de la vía.

Y solo entonces te das cuenta que ese día, la montaña ha hecho un extra y te ha dejado pasar.

Y tú las has ‘pasao’ como has podido.

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